jueves, 16 de julio de 2009
Ariel Petrocelli
Ramera de palo
el duelo y la fiesta
origen y curva
la tierra y las uvas
el basto en un as
la hembra.
Causal del incendio
el cuerpo de leña
vestido corteza
el fin de la estrella
manzana en un as
la hembra.
Rama fileteada
listón y clava
bastón y baraja
Montaraz
Capataz
Soportal.
Espiga sensual
calandria voraz
la hembra en un as
la hembra.
Relámpago fálico
menhir de madera
el naipe que guiña
el gesto que piensa
batuta en un as
la hembra.
Peldaño y garrote
pantera de lana
acróbata y ciega
guijarro y estaca
la viuda en un as
la hembra.
(Del Cancionero del Truco)
lunes, 13 de julio de 2009
LA LIBERTAD (RAUL GONZALEZ TUÑON)
De pronto entró la Libertad.
La Libertad no tiene nombre,
no tiene estatua ni parientes.
La Libertad es feroz.
La Libertad es delicada.
La Libertad es simplemente
la Libertad.
Ella se alimenta de muertos.
Los Héroes cayeron por Ella.
Sin angustia no hay Libertad,
sin alegría tampoco.
Entre ambas la Libertad
es el armonioso equilibrio.
Nosotros tenemos vergüenza,
la Libertad no la tiene,
la Libertad anda desnuda.
(Y el señor Jesucristo dijo
que el reino de Dios vendrá
cuando andemos de nuevo desnudos
y no tengamos vergüenza.)
Hermanos, nosotros sabemos,
pero la Libertad no sabe.IIHay que ser piedra o pura flor o agua,
conocer el secreto violeta de la pólvora,
haber visto morir delante del relámpago,
conocer la importancia del ajo y el espliego,
haber andado al sol, bajo la lluvia, al frío,
haber visto a un soldado con el fusil ardiente,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.
Viva el amor, la vida poderosa,
la muerte creadora de olores penetrantes
y eso porque uno muere y resucita,
la luz sobre los techos de la aurora,
sobre las torres del petróleo,
sobre las azoteas de las parvas,
sobre los mástiles del queso y el vino,
sobre las pirámides del cuero y el pan,
la gente retornando,
una ventana con la bandera en familiar bordado
y la exacta ambulancia, con heridos,
cantando, sin embargo, la Libertad querida.
Hay que ser como el puente necesario,
natural como el lirio, como el toro,
saber llegar al fondo del silencio,
al subsuelo del brote y a la raíz del grito,
hay que haber conocido el miedo y el valor,
haber visto una mano que agita una linterna
de noche, hacia el distante nido de metralla,
hay que haber visto a un muerto cicatrizado y solo
cantando, sin embargo, la Libertad querida.IIIDe pronto entró la Libertad.
Estábamos todos dormidos,
algunos bajo los árboles,
otros sobre los ríos,
algunos más entre el cemento,
otros más bajo la tierra.
De pronto entró la Libertad
con una antorcha en la mano.
Estábamos todos despiertos,
algunos con picos y palas,
otros con una pantalla verde,
algunos más entre libros,
otros más arrastrándose, solos.
De pronto entró la Libertad
con una espada en la mano.
Estábamos todos dormidos,
estábamos todos despiertos
y andaban el amor y el odio
más allá de las calaveras.
De pronto entró la Libertad,
no traía nada en la mano.
La Libertad cerró el puño.
¡Ay! Entonces...
De La muerte en Madrid
lunes, 6 de julio de 2009
EL ÁNIMA COBARDE
... a golpes. El el vino tinto se mezclaba a gritos y se cocinaban amenazas en la hornalla del terror (el plato caliente se estrellaba contra la pared tantas veces lavada).
Ella se defiende a mordiscones, a patadas,a gritos, se esconde bajo la cama o en los jardines vecinos,espera... agazapada que él se duerma,que al menos salga a buscarla...
otra noche sin dormir. Por la mañana pasa maquillaje en sus heridas, viste una sonrisa todo el día, se disfraza de feliz rutina: niños al jardín, saludos cordiales, juega a estar viva en la oficina y luego sale, como zombie, otra vez hacia el calvario. Él, con su noche de mierda y su mierda de noche llega a los gritos, insultando, dando portazos, la levanta de la cama de los pelos, la arrastra por el suelo hasta pelarle la espalda, la patea, llama a su madre "tu hija esta drogada, no se despierta". Ella simula, finge no escuchar los gritos ni sentir los golpes, solo espera... espera... espera (mamá solo piensa en la vergüenza
si alguien se entera -mejor morir en silencio que en escándalo berreta). La bestia se duerme, casi a la madrugada se desploma en la cama rabioso y balbuceante. Ella se levanta, pone agua fría en sus heridas, se sienta en tinieblas, toma el 38, lo observa... asqueada, lo mira... sabe lo justo que sería verlo desangrarse... que fácil... imagina las mil formas de hacerle trinar sus huesos a balazos, comenzaría por las piernas para que se de cuenta, para que despierte gimiendo y retorciéndose de dolor, luego el estómago, los hombros, que sienta cada estallido de la pólvora y las esquirlas en su cuerpo... tan fácil es matar a un perro de estos.
Absorta ensimismada y ausente pasa algo en su espalda, una mano suave, que la acaricia y recorre su piel ardida: "mamá: ¿me hacés mimitos?". Guarda el arma en el placard, toma a sus hijas en brazos y se va, sin mas que las mochilas y un bolso de mano. En silencio. Pensando que el inútil fantasma durmiendo en el nido vacío nunca supo lo que es estar vivo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Inexpresable Amor
1. Dos mitos poderosos nos han hecho creer que el amor podía, debía sublimarse en creación estética: el mito socrático (amar sirve para "engendrar una multitud de hermosos y magníficos discursos") y el mito romántico (produciré una obra inmortal escribiendo mi pasión).
Sin embargo Werther, que en otro tiempo dibujaba mucho y bien, no puede hacer el relato de Carlota (apenas puede bosquejar su silueta que es precisamente lo que, de ella, lo ha capturado). "He perdido... la fuerza sagrada, vivificante, con que creaba mundos en torno mio".
....
domingo, 21 de junio de 2009
LANOCHE DE LOS FEOS-MARIO BEDEDETTI
1-Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."
"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.
2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
FIN
jueves, 18 de junio de 2009
FERNANDO PEÑA
Sus palabras fueron: "Son las cinco de la tarde en la Ciudad de Buenos Aires y nos toca una vez más ser vehículo de comunicación de una noticia de mierda, una de esas situaciones tristemente esperadas, no se cómo definirla y no quiero hacer mucho rodeo. La noticia es que falleció Fernando Peña, autor y protagonista absoluto de El Parquímetro, un programa que solo un genio como él podría haber hecho. Falleció un genio, era compañero nuestro, lo queríamos mucho y nos quería mucho también. Es una noticia difícil de asimilar".
http://www.youtube.com/watch?v=SyVkY6MNsr4
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1140613
lunes, 15 de junio de 2009
PARA TENER UNA NOCHE MUY DIVINE...
Niceto Vega 5510 . Palermo . C1414BFD
Ciudad de Buenos Aires . Argentina
info@nicetoclub.com
Viernes 19 de Junio
Horario: 21 hs.
www.myspace.com/laskumbiaqueers
Anticipadas: $25 en boletería Niceto Club (Lu. a Vie. de 12 a 18 hs.) y Ticketek.
Extra-links !!!
KQ en Página 12
KQ en Clarin
KQ en Global-Art
LUEGO PASEN POR MALDITA (UNA EXPERIENCIA SIN RETORNO)
http://ginebrabase.blogspot.com/
DOMIGO ESTRENO
21 de junio

La pérdida que lamento es la del lenguaje, hablar de amor, sentir el impulso de hablar de amor. En todo caso es el lenguaje y no el objeto lo que podría extrañar...
¿Quién se atreverá a condenarme?
(lo mismo digo)
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